Ayer tuvo lugar un fenómeno astronómico único y una súper casualidad. A la expresión utilizada para denotar improbabilidad “cuando se alineen los planetas” le ha surgido un sinónimo cósmico, “cuando se produzca un eclipse total de la súper luna azul de sangre”, o dicho de otra forma: “Super Blue Blood Moon”. Según los expertos, esta anomalía tan especial no tenía lugar desde 1866. Y en aquel entonces, no poseían las herramientas tan avanzadas como ahora para disfrutar de la cuádruple coincidencia.

Super-MOON-2018

Cuando comenzó el año 2018, recordé algunas de las promesas imposibles que hice, a la luz de la luna, cuando era una adolescente. La luna ha sido admirada y estudiada desde periodos inmemoriales y conserva ese halo de misterio y romanticismo incluso en tiempos de Tinder. Su conquista fue hasta hace bien poco el fenómeno más visto en la televisión y aún hoy existen negacionistas que ven imposible que el ser humano haya sido capaz de pasear por el satélite natural de la Tierra. Por no hablar de que la mayoría de los poetas le han dedicado versos y no hay canción que se precie sin que la luna sea el testigo principal de la acción entre los protagonistas.

El atractivo de la luna es innegable. Cuando hay una simple luna llena, las redes sociales echan humo, por lo que ayer, ante el “eclipse total de la súper luna azul de sangre” las galerías tanto de los perfiles privados como de los medios de comunicación rebosaron de imágenes en las que una enorme luna rojiza y brillante era la protagonista. Fotógrafos especializados y amateurs salieron a la caza de la mejor estampa, pues una buena luna da caché y sobre todo, muchos “me gusta”. He escogido para ti un par de galerías de imágenes que me han parecido: BBC o Infobae.

InfoBae
InfoBae: Una persona posa para una foto mientras la luna se levanta sobre Griffith Park en Los Ángeles, California, el 30 de enero de 2018

Pues bien, volviendo a las promesas imposibles durante la adolescencia, reconozco que prometí, a ese amor imposible del que la vida nos separaba los caminos, que en la primera luna llena de 2018, si ni él ni yo estábamos casados, quedaríamos. El objetivo no era otro que, una vez que nos reencontráramos o llamáramos desde el teléfono de nuestros respectivos coches voladores, por fin pasar el resto de nuestra vida juntos. Nuestro consuelo hasta entonces era pensar que estuviéramos dónde estuviéramos, en cualquier ciudad del mundo, la misma luna alumbraría nuestras noches.

Entró el año 2018 y me acordé ligeramente de aquella promesa de juventud. Pero es que llegó la primera noche del año y, al mirar al cielo, vi que había luna llena. Para más inri, no fue una luna al uso, sino que se trataba de la primera súper luna del año, es decir, cuando durante su órbita, el satélite está en el punto más próximo a la Tierra y por lo tanto parece más grande y, sobre todo, más brillante que el resto de lunas llenas. Vamos, que se ve mejor que de costumbre, y si no habías reparado en ello, los informativos te lo iban a recordar y explicar una y otra vez. Decidí abordar el asunto como una mera casualidad y no una señal del destino.

Pero ayer, ante este fenómeno cósmico prácticamente irrepetible y tan seguido del anterior, me dio por pensar otra vez en si debería ser valiente y cumplir mi promesa con mi yo adolescente. Ante la incertidumbre, comencé a argumentar conmigo misma para intentar negar lo evidente. Mi lado más racional me decía que no podía contactar a alguien, tras años de puro silencio, sólo porque la luna así lo estaba demandando. Sin embargo, mi lado más emocional no paraba de ver señales en cada página de internet que abría.

Así que decidí dejarlo en manos de la luna. Si enero de 2018 había tenido ya dos fenómenos tan seguidos igual en un par de meses, volvía a suceder algo extraordinario. Mi lado racional se quedó tranquilo teniendo en cuenta el dato de que la última vez que sucedió fue hace 152 años, la información es poder. Por lo que fui directa a la web de la NASA. Pasara lo que pasara, le contactaría en el siguiente “eclipse total de la súper luna azul de sangre”.

Aquí te dejo este vídeo para que alucines.

Según los astrónomos y expertos lunares de la Nasa, el próximo 31 de enero de 2037 me armaré de valor y tiempo para buscarle y contactarle. Si vosotros no pudisteis ver ayer el fenómeno cósmico de 2018, os animo a que lo marquéis en la agenda, porque la luna sí da segundas y terceras oportunidades, aunque tengan que pasar otros 19 años.

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