Según los historiadores modernos, Madrid es la única capital europea de fundación y nombre árabes. En el subsuelo madrileño se han recuperado vestigios visigodos o incluso romanos. Pero nada que demuestre que hubiera un asentamiento permanente. Cuando Felipe II traslada la capital en 1561 -de modo constante- el gran enemigo del imperio español -y de la cristiandad- es el "turco". Seguramente por ello, durante cuatro siglos la narrativa política ortodoxa ha obviado, cuando no ocultado, estos orígenes.

Remontándonos en el tiempo, en 711, las tropas musulmanas derrotan a don Rodrigo, debilitado rey de los divididos godos en la batalla de Guadalete. En las décadas siguientes avanzan sin apenas resistencia, ocupando prácticamente toda la península ibérica. (Los visigodos eran minoría y la población ibero-romana y judía estaba harta de hambrunas e inestabilidad política). Con el tiempo, los pequeños reinos cristianos del norte se reorganizan y comienzan siete siglos de Reconquista -con fronteras inestables- que culminarían con la toma de Granada en 1492.

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Hacia 860, el emir Muhammed l funda la ciudad de Mayrit (fuentes de agua, en árabe). Son tiempos difíciles, de movimientos de tropas de lealtades cambiantes, buscando botín fácil en tierras con fronteras sin consolidar. Por ello, el emir construye una fortaleza en la colina, 70 metros por encima del río, en lo que hoy es el Palacio Real. Quiere controlar los pasos militares por las montañas del norte por Guadarrama y Somosierra. Mayrit forma parte del muro de contención de la Marca (o Raya) Media para proteger Tulaytulah, la segunda ciudad andalusí del entonces pujante califato de Córdoba.

Una red de atalayas por la provincia (Torrelodones, el Berrueco, El Vellón, El Molar, Venturada) permite avistar y comunicar movimientos de tropas, evitando así que los cristianos del norte "se pasen de la Raya". (Recordemos que, en la Edad Media, los visitantes foráneos no venían precisamente a hacer turismo).

Mayrit prosperó como población en el corredor comercial de la ruta que va desde Mérida a Zaragoza. La ciudad crece y con el tiempo la guarnición añade su propia medina, que incluye edificios como la mezquita, el zoco o el hamman (baños de vapor). Con Abderramán III la ciudad se expande, y a finales del S.X se construye otra muralla para proteger la nueva barriada de las incursiones de los guerreros cristianos.

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Pero el dominio musulmán llega a su fin alrededor de 1085 tras la reconquista de Alfonso VI. Y aunque sufrirá posteriores ataques musulmanes, Madrid ya nunca volverá a manos árabes.

El dominio del agua es una constante de la cultura árabe. El nombre Mayrit significaba abundancia en fuentes de agua. Además de la fértil vega del Manzanares, bajo el alcázar, la ciudad contaba con caudalosos acuíferos y arroyos que los expertos árabes canalizaron para abastecer a la creciente población.

En el primer escudo de Madrid del S.XII figuraba el lema: "Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son..." (Las murallas de pedernal, al recibir flechas cristianas soltaban chispas).

Donde hoy se levanta la catedral de La Almudena (al-mudayna, ciudadela militar) existió antes una mezquita. Al lado de la cripta, encontramos el parque del emir Mohammed I, reformado en 2010 en estilo andalusí con vegetación y elementos que reflejan las distintas culturas que han vivido en la ciudad (incluyendo el suelo con la estrella de David). Allí, en la cuesta de la Vega ha sobrevivido un lienzo de la primera muralla árabe. Son 120 metros de largo, casi 12 metros de alto y otros 2,5 metros de ancho. Es el monumento en pie más antiguo de la ciudad. Según la tradición ahí se escondió/protegió la estatua de la Virgen de la Almudena durante los más de tres siglos de dominio musulmán.

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En el primer piso del parking de la plaza de Oriente son visibles los restos de la atalaya del S.XI.

Y en la plaza de Ramales encontramos un antiguo silo islámico que formaba parte de una extensa red de silos de la ciudad medieval.

En La Latina tenemos las iglesias más antiguas de Madrid: las de San Nicolás y San Pedro, probablemente construidas sobre antiguas mezquitas de la aljama madrileña. Destacan sus torres (S.XII y XIV) de estilo mudéjar (musulmanes que permanecieron en territorio reconquistado por los cristianos desarrollando arquitectura/arte andalusí).

Mozárabe (S.XV) es también la Casa y Torre de los Lujanes, en la plaza de la Villa, la construcción civil más antigua de Madrid.

Y también de ese estilo, aunque muy posterior (1931) es la plaza de toros de Las Ventas, la más grande de España y la tercera del mundo. Tras la reforma de 2018 para actualizarla, rebajó su capacidad para albergar unos 20.000 espectadores.

Hay varios tours guiados que nos acercan de forma más completa a ese Mayrit árabe:

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Para completar este viaje por el tiempo, nada mejor que experimentar sabores de comida árabe. Entre la amplia oferta destacan: Al Mounia (Recoletos, 5); La Cocina del Desierto (Barbieri, 1); Aladino (Duque de Liria, 2); Arabia (Piamonte, 12); y mis preferidos Du Liban (Calle de la Estafeta, 2) y Shukran (Alcalá, 62), el restaurante de Casa Árabe. Y en Lavapiés (calles Tribulete y Mesón de Paredes) varios establecimientos ofrecen un menú del día marroquí.

¡Marhaba, Mayrit!