Lo siento, pero no puedo resistirme, soy de los que prefieren perder un amigo (o un lector, en este caso) antes que un chiste…

Entra un señor en un restaurante y pregunta:
-Buenos días. ¿Tiene usted menú de vegano?
-No, lo siento, tenemos el mismo menú en vegano que en inviegno.

Si no te parece divertido, espera a empezar a convivir con un vegano. Hay gente que no ha podido soportarlo mas de quince días. A otros les ha cambiado la vida radicalmente para mejor y hasta se han liberado del consumo de carne. Es todo un desafío de coexistencia pacífica, pero puede hacerse.

Y por una vez sé lo que me digo, porque he vivido con varios veganos (y vegetarianos, sus primos light). Tienen fama de duros radicales, pero en mi experiencia siempre he aprendido mucho, tanto de cuestiones de alimentación como acerca del respeto mutuo cuando se comparte vida. Si me estás leyendo, Pavel, esto va por ti.

Hace unos años los veganos eran una auténtica rareza; a estas alturas ya no tanto, y tanto la práctica vegana como su militancia se asumen como algo bastante normal. En todo caso, sigue habiendo sus momentos de tirantez cuando se comparte piso (o cama). Yo aprovecharía para practicar la tolerancia y aprender algo. Por ambas partes.

La alimentación es la madre del cordero, digo del tofu

Por supuesto, la clave es la comida. Ya no sólo lo que comamos, sino los procesos de almacenamiento, preparación y limpieza. A los omnívoros (sobre todo a los muy carnívoros) los veganos nos parecen llenos de manías. Ya que tú comes de todo, demuestra tu flexibilidad para ponérselo fácil (es una sugerencia, puedes ponerte talibán si quieres, claro).

Con los alimentos secos no hay problema, cada uno los almacena por su lado y listo. La nevera suele compartirse, así que emplead estantes diferenciados (procura poner tu comida debajo para evitar goteos). No dejes alimentos abiertos para evitar olores (¡las neveras de los pisos mixtos son el paraíso del tápergüer!).

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La limpieza es fundamental. Lo mejor es tener dos juegos de todo para evitar problemas: dos tablas (básico, porque entra en contacto con carne cruda), dos sartenes, dos ollas etc. Los muy maniáticos pueden optar por duplicar también la vajilla. Con los electrodomésticos hay que extremar la limpieza: horno, microondas, la dichosa nevera, y también la cocina.

En principio, si ambas partes son medianamente civilizadas, no habrá problema a la hora de comer juntos. El vegano puede guardarse su repugnancia por el cadáver de tu plato y tú dejar de mirarlo como a un bicho raro. Y por favor, un poco de respeto, no intentes colarle carne, huevos o leche (ya se cuidará él de preguntarte los ingredientes del plato si le ofreces algo).

La cosa no acaba ahí. Los veganos rechazan la explotación animal en todas sus vertientes. Quiero decir que a lo mejor el puff de auténtico cuero repujado que te trajiste de tu último viaje a Oriente es mejor dejarlo en tu habitación, no en el salón. Tampoco te extrañe si tu compañera no quiere compartir algunos cosméticos contigo. Si salís a comer por ahí… ya sabes.

Aprovecha a ver si se te pega lo bueno

Hasta aquí se diría que compartir piso con un vegano está a medio camino entre el ejercicio espiritual y la tortura. Ya os digo que ni mucho menos, al menos en mi experiencia. Yo aprendí en ese tiempo muchas recetas veganas deliciosas y muchísimo acerca de los ingredientes de lo que comía entonces (mayormente precocinados, que hoy considero infraalimentos).

Es como vivir con un gótico o un pijo; hace falta buena voluntad. Una excelente idea es cocinar para los demás habitantes del piso una vez por semana. Daremos por hecho que el vegano no te va a preparar un chuletón, ni tú a él. Al principio te costará mucho, pero descubrirás nuevos alimentos y combinaciones sorprendentes. Y comprenderás mejor sus ideas.

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En vuestro día a día surgirá inevitablemente la conversación del veganismo y adyacentes (tortura animal, mascotismo y demás). Para que las conversaciones no degeneren en situaciones desagradables hace falta una mente abierta y muuucha tolerancia a las ideas ajenas. Piensa que el vegano está harto de justificarse e ir a contracorriente, así que dale cuartelillo; si vive con omnívoros es que es una persona flexible.

Hay una cuestión de fondo que he dejado para el final para que no se te pase. Si eres un omnívoro de los que les gusta dar la paliza a los veganos con que no entiendes su forma de vida, o te topas con un vegano de los que les gusta dar la paliza a los omnívoros con… bueno, lo mismo, mejor no forzar la máquina porque seguramente acabéis a palos (metafóricamente hablando, espero).

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Si has experimentado en tus carnes (nunca mejor dicho) lo de vivir con un vegano, cuéntanos como ha ido la cosa.